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Promesas, promesas


Sería más saludable que cuando se trate de afectos prometiéramos nunca más prometer y entonces daríamos y recibiríamos todo de corazón y no porque hay la imposición de cumplir y de que nos cumplan. Eso sí es una garantía sin sorpresas desagradables para los involucrados, como por ejemplo, cuando hay la permanencia de alguien en una relación solo por obligación.

Es muy común hacer mil promesas para obtener algo a cambio, esto es como tatuarse y luego pasar por la tortura de seguir con las mismas iniciales o símbolos que ya no tienen ningún valor para nosotros. Si no fuéramos por la vida prometiendo como vendedores ambulantes no nos sentiríamos después en un callejón sin salida. Prometer irresponsablemente es firmar un cheque en blanco, es no leer las letras chiquitas, es “¡me lo llevo como sea!” y no siempre funciona. Cada vez que queremos conseguir algo de otra persona recurrimos a cualquier táctica para lograrlo. Prometemos el cielo y luego damos una especie de infiernillo. Recuerdo que mi mamá me prometía cosas muy desproporcionadas a cambio de que me dejara hacer un moño. Las promesas son ilusiones, son ligerezas: los políticos, anuncios publicitarios, padres, hijos, todos hacemos promesas y aun cuando nuestra intención al prometer sea honesta, nuestra verdad de ahora no será necesariamente nuestra verdad de mañana, entonces, estamos prometiendo en un hipotético. Una promesa a lo mejor nos garantiza que se nos cumpla algo, pero ¿en qué condiciones?

A veces aunque haya voluntad, no podemos cumplir, en otras situaciones terminamos honrando nuestra palabra a un muy alto precio. Una promesa, a menos que sea de compraventa o algo por el estilo, no siempre es un buen negocio ni para quien la hace ni para quien la recibe. Si somos responsables, amorosos y honestos con nosotros mismos y con otros, seguro que cumpliremos aunque no nos hayamos comprometido a nada.

Debemos liberarnos de ciertos acuerdos que van en contra de nuestra verdad y esa honestidad para con uno mismo también será finalmente lo más honesto para la otra persona a quien no se le pudo cumplir. Si hay promesas, hay fechas límite, hay reclamos. Nada de eso se parece al amor, son promesas que no deberíamos honrar. A veces en vez de prometer solo basta decir no.
 

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