Jueves, 31 de Mayo de 2012 00:00
Entiendo lo de los errores humanos, entiendo los sin querer queriendo, entiendo que no hubo mala intención (ni buena tampoco), entiendo que estamos aprendiendo, entiendo que a veces nos hacemos puré el cerebro y el alma y la otra persona ni se da por enterada, y eso es lo peor, descubrir que se es capaz de comprender aun a costa de nosotros mismos. El que se entienda no significa que no hubo un proceso de asimilación y dolor. A lo mejor con esto de darle la palmadita en la espalda al agresor distraído estemos contribuyendo a que no asuma, no valore, ni rectifique, lo que nos haría cómplices y encubridores de los egoísmos ajenos.
Entender a nivel mental no significa que no hiera a nivel emocional. ¿Será que eso es ser víctimas?, ¿será que cuando nos apresuramos a entender rapidito es porque creemos que podemos lidiar con todo y a eso se llama ego? O será que tenemos la urgencia de que todo esté ficticiamente bien, que vuelva a ser como antes. Y cuando entendemos, ¿lo hacemos desinteresadamente o para no dejarle piso a la otra persona para que se aleje? Entenderlo todo, ¿de qué me sirve? Para ir subiendo de niveles espirituales. ¿Para estar listos cuando la nave nos venga a recoger o el juicio final se acerque?
Tenemos que entendernos a nosotros primero, averiguar por qué tanta tolerancia y aceptación gratuita. Preguntarse ¿cuántas otras mejillas más tengo que dar? Y dejar de decirnos “la culpa es mía por permitir”, o sea, encima de palos, piedras. El perdón es la clave de la liberación, sí, pero no tenemos que dizque perdonar si no estamos listos. Entender, perdonar y olvidar. Gran virtud o necesidad. El amor perdona, sí, pero los tontos y los sabios entienden por igual y se hacen los locos por igual cuando les conviene.
Por todos lados nos dicen “no juzgar, no tener expectativas”. O sea hay que ser medio androide para subsistir. Otra fórmula sería hacer como los personajes de los dibujos animados que van silbando descuidadamente sin ver que detrás de ellos cayó un edificio.
¡Cuán distraídos hemos sido!, ya nos robaron la bicicleta muchas veces. -¡Adiós inocencia, adiós! Nooo… y tampoco ¡hola desconfianza! No es saludable ir por la vida como si camináramos en zona roja todo el tiempo, pensando que en cada panfleto hay escopolamina, pero ser demasiado confiados nos hace el blanco perfecto para los sin querer queriendo y los a propósito. Después de un golpe vemos un arcoíris morado, verde y amarillo hasta que no queda rastro alguno. Felizmente, para el dolor hay muchas pomadas.
Solo hay que bajarse de la estampita, que nadie crea que eres un santo o una santa y que siempre entenderás. Dejemos de repartir estampitas, no vaya a haber por ahí algún confundido que crea que siempre vas a entender y que encima esté en lo cierto.