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De la lipo a la frustración


¿Te has sentido a punto de reventar pero no de rabia?, me refiero a estar a punto de reventar como canguil en microondas, pero finalmente te quedas como maíz pasmado y no avanzas en algún aspecto específico de tu vida. Seguramente no hay nada más frustrante que estar a dos pasos, a cinco casilleros, a punto de y que no suceda lo que deseamos. Si hemos hecho el deber para un veinte, queremos resultados. Nos preguntamos cuántas pataditas más de la suerte necesitamos para salir finalmente al escenario a interpretar el papel o vivir la circunstancia soñada.

Me da pereza hablar de paciencia, es que las virtudes no son divertidas, pero a veces sí necesarias. Y si nos inventáramos que el significado etimológico de la palabra pa-ciencia es paz y ciencia y decidimos que cultivarla sería la ciencia de vivir en paz a pesar de cualquier cosa, podría funcionar y de hecho funciona. Y funciona porque si vivimos en paz a pesar de cualquier circunstancia externa, si tan solo lo lográramos ¡¡adiós impotencia!! Es decir, podríamos jugar no solo con la palabra, sino con la emoción que esta genera. Si la frustración es una respuesta emocional ante un camino bloqueado, entonces a coger otra vía más alegre para nuestro destino.

Cuando no podemos satisfacer un deseo a la brevedad de un rayo, hay frustración, cuando realmente debería haber algo más útil, como la aceptación o el volverlo a intentar en otro momento, si es que vale la pena. Es muy sano asumir nuestras limitaciones para no convertirnos en agresores propios o ajenos.

Estamos perennemente sentados en una sala de espera: esperando resultados, esperando el trabajo soñado, la oportunidad anhelada, el amor ideal, esperando que se termine aquello, esperando que empiece lo otro. Bien, pero mientras tanto no tenemos que leer revistas viejas, ni sonreírle a extraños, ni mirar cuadros feos, ni pasarla mal, podemos hacer cosas más interesantes con nuestros mientras tantos, como no pensar que estamos esperando determinada cosa, sino obteniendo resultados de otras esperas anteriores.

Entonces, si la espera es solo cuestión de tiempo, dejemos de pensar en él y se irá la frustración. Si no hay fecha límite ni fecha de caducidad, podemos seguir consumiendo el producto sin peligro alguno y el producto es la vida tal cual es. La desesperación nunca aceleró nada más que el ritmo cardiaco.

A veces decimos: Solo quiero saber cuándo, como cuando de niños íbamos en el carro con nuestros padres y preguntábamos cada cinco minutos: ¿Cuánto falta? Realmente es importante saber, ¿cuánto falta para llegar a nuestros diferentes minidestinos y logros? Además, el que no espera, ¿acaso vive?
 

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